LA FÁBRICA DE MEMORIAS

LA FÁBRICA DE MEMORIAS

miércoles, 25 de agosto de 2010

Y si me preguntas..

Y si me preguntas, quizás no tenga respuesta. ¿Cómo le explico que no pasa nada? Y si me preguntas, puedo responderte que somos cuerpo, inevitablemente, y puede que, además, no haya explicaciones posibles en la ausencia. No razona o, quizás comprende demasiado y no llegamos a entenderlo. Me miro al espejo para cerciorarme de que soy yo. Sí, es evidente que hay unos ojos oscuros que me miran, unos ojos que todavía se sorprenden a sí mismos, de vez en cuando. Soy yo, sí, y por ello sigo intentado encontrar palabras que definan, argumenten, analicen, deduzcan, localicen, posicionen, sitúen inundaciones acuosas en su justa medida. Sí, es un dolor, pero .. no es físico. Otro intento, este visual, el cuerpo fragmentado en piezas, las has ido colocando, pacientemente, las que has encontrado en el camino, las que te ofrecieron generosamente, las que has fabricado con perseverancia, son muchas. Una de las valiosas piezas que te han conformado, la de color, bueno.. no sé, en realidad podría ser de cualquier color, no hacen falta tantos detalles. O sí, la pieza de color sofá, con matices de ese blanco humo. Sí, también tiene algo de rosa cortina, que siempre combina con todo. No sé si también algo del tremendo marrón (en todas sus tonalidades), siempre está presente, aún no sé porqué. La pieza coloreada se deshace y se convierte en hilo, de colores, un hilo que puede estirarse hasta el infinito. Y una mano, que no es mano, lo estira.. empieza el deshilado, paulatino, pausado, la pieza se va deshaciendo y sientes el vacío. ¿Dónde está? Y en tu empeño, sigues la hebra.. miras el hueco, adviertes todo lo que contiene la carencia, el cuerpo tiene memoria. Sigues la hebra.. y todos los colores y las palabras te empiezan a relatar su historia. Los escuchas y por fin ese cuerpo que somos, sonríe. No has perdido nada me digo en ensalmo. Y sientes en tu ombligo, un filamento de colores. Y si me preguntas, sigo sin respuesta… pero seguiré la fibra irisada.

sábado, 14 de agosto de 2010

Despierto en la ausencia


Despierto en la ausencia
indagas entre los ensueños del alba.
Exploras interrogantes calmando
el dolor del seno vacío.


Situado en mitad de tu ciudad, avistas momentos en fuga,
congojas licuadas en sal y disoluciones
pasadas.
Situado en mitad de tu ciudad, avenidas de palabras calmas,
encienden sus luces, en blanco y negro,
siempre.
Situado en mitad de tu ciudad, descubres hilos por tejer
que reclaman de tus
manos.


Percibes las palmas,
emplazado en ti mismo, miras hacía el centro
que volverás a colonizar,
quizá mañana mismo.


lunes, 9 de agosto de 2010

Una voz

No tengo voz. Las cuerdas vocales parecen tener vida propia y niegan la fonación adecuada. Creencia categórica que recorre una geografía vital. Que difícil es resolver interiores. Que fácil poner signos e imágenes que reemplazan el miedo al balbuceo. Hay un preciso instante en que la decisión toma las riendas. El quehacer llama a mi puerta y le abro. La labor no será fácil, pero..

A l'altre costat del fil from olga taravilla on Vimeo.

domingo, 1 de agosto de 2010

Singular mundo



Hace algunos años habitaba en una campana de cristal, rígida y frágil. Ya os he hablado alguna vez de mi mundo singular. Aunque no sea siempre el mismo. Mudable, versátil, tornadizo y a veces inestable. Fue y sigue siendo todo un universo. Extraño, misterioso, absurdo. Hoy resigo, bajo la yema, su diferente interior, es de forma esférica, aunque no lo parezca por su nitidez y ductilidad. Ya no es una campana de cristal en la que adormecerse en sordina. Ahora es particularmente maleable, elástico y dócil, singular. Un juego entre lo extraordinario, la soledad y lo raro. Un número gramatical que se comprende en el plural.

Y aquí me encuentro, miro hacía la derecha y una gama de blancos me saluda desde la esquina de la habitación. No sé porqué los colores siempre despiertan a medianoche, leen en braille la rareza y fijan en mí su tacto expectante. Oigo también las notas musicales, adheridas a las paredes, guareciendo instantes, sonoridades, risas y llantos apagados. Acordes y respiraciones. Respirar, una y otra vez. Miro la silueta de la ausencia, grabada a una silla robada por la metáfora. Una porción del mundo se volatiliza, y tengo la sensación de que también desaparece de mí interior un fragmento. Fracción que abre un hueco, una pequeña concavidad que transforma mi esfera en una rareza nueva. El planeta se revoluciona, una vez más, dejando atrás campanas y esferas, rasgando lo desconocido abre puertas y compuertas. Todo esta (in)quieto, atento. Eso sí, los (im)perdibles, al regreso de su viaje, increíblemente, recordaron el camino hacía mi habitación, y volvieron para sonreírme en la madrugada en que inicié una nueva traza.