LA FÁBRICA DE MEMORIAS

LA FÁBRICA DE MEMORIAS

viernes, 7 de mayo de 2010

La niña que recogía amapolas

Es primavera, innegablemente. Además de los mil sentimientos que revolotean por el aire, como el polen, incitando a la revolución, han nacido las amapolas. La visión de la explosión roja siempre logra, año tras año, deslumbrarme. Los recuerdos que me atan a esa flor salvaje son casi, casi, atávicos. Cubiertas como crisálidas las abría para verlas surgir, quebradizas todavía, entre el verde que las cubría. Jugaba con ellas a pintarme, llegaba a casa con el cuerpo cubierto con líneas negras, extraídas del gineceo y manchas moradas de sus pétalos. Una amapola roja evoca a mi madre. Ella mira a una niña que le lleva esas flores como presente de su libre paseo.

Han pasado muchas estaciones desde entonces. Ahora ya no hago ramos con ellas, aprendí por el camino que son, además de agrestes, frágiles. Que no tiene ningún sentido atesorarlas, que se ha de disfrutar de ellas observando como el viento mueve sus pétalos. Advertir que ya estamos en el punto más álgido del entretiempo con sólo mirar la configuración del paisaje encarnado. La primavera acaba sucumbiendo, invariablemente, acaba la sublevación y nos deja la calma. Pero el púrpura siempre nos deja la promesa de volver al año siguiente. Aunque a veces, no sé muy bien por qué, puede ser primavera por cuatro estaciones.

2 comentarios:

  1. Me has llevado de la mano a una tarde, la tarde en que mi padre me enseñó por primera vez las amapolas. A un campo cerca de donde vivíamos y que ahora puebla el ladrillo. Recuerdo sus manos abriendo un capullo para enseñarme lo que había dentro y recuerdo la sensación de abrirlo y el olor y lo rugoso de la piel verde... pero sobre todo el olor, había nubes oscuras, mi hermana las contaba, yo aún no conocía la palabra ni escrita ni leída, tenía el lenguaje que tienen los niños pequeños, las preguntas de los niños pequeños... Gracias por ayudarme a evocar todo eso.

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  2. Me alegro de haberte acompañado, es importante recordar esos pequeños gestos que nos configuran.

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