LA FÁBRICA DE MEMORIAS

LA FÁBRICA DE MEMORIAS

lunes, 22 de febrero de 2010

Cuento de primavera

Antonia, a veces, escribe cuentos para explicar y explicarse, para entender y entenderse. No lo puede evitar. Voces deshilvanadas en susurros le hablan al oído, en ese dulce momento entre la vigilia y el sueño, le reclaman el derecho a su existencia. Esta demanda insistente no es habitual en su vida cotidiana, sólo ante algunas vivencias la grafía despierta, poco a poco, palabra a palabra... frase a frase... edificándose como por encantamiento en signos, en señales indelebles de su inquietud. Ante algunos sentimientos es cuando a nuestra protagonista, soñadora de imposibles, enamorada de las palabras, coleccionista de imágenes y decidida caminadora en su vida diaria se le paralizan las cuerdas vocales. Su mente articula voces que enmudecen antes de ser pronunciadas, quedando cautivas en un espacio alejado del tiempo.


Ahora está ocupada escribiendo un nuevo relato que ha titulado “Cuento de primavera”. Seguramente lo ha titulado así porqué todo se desencadenó en esa época del año en que todo despierta; en la ciudad de la luz; en un viaje que nació de la curiosidad de saber porqué y qué había en él para que lo soñase a su lado. Con fino hilo rojo se había ido tejiendo lentamente, con el paso de imágenes y días, un vínculo, que no sabría ni como definíroslo pero que evidentemente la incitó a volver a su ciudad fetiche. Un viaje siempre es un acontecimiento especial y este, por lo que os he explicado, lo era por muchas más razones. Preparó en la desvelada noche de charla sin fin y tiempo fugaz su duplicado encuentro, París, de nuevo... escogió el blanco como color de su atavío para llevar consigo el silencio creador, la hoja en blanco por escribir, la posibilidad abierta de cada uno de los colores que lo componen. Antonia, desde pequeña, tiene este tipo de creencias, de rituales. Por ejemplo, cuando no quiere ser viste toda de negro, siempre estudia en una mesa azul y pide deseos a las matrículas capicúa de los coches, que, a veces se cumplen... El tema de los deseos creo que forma parte de su personalidad soñadora. Por eso, volviendo al viaje, se sorprendió a sí misma cuando ante el paso de una estrella fugaz, la primera de su vida, pronunció interiormente las palabras para siempre. ¿Para siempre?, se dijo minutos más tarde, cuando pudo reaccionar. Pero no era el momento de ir más allá y decidió que ya lo pensaría tranquilamente cuando pudiese...

Quizás, de vez en cuando, habría que creer en los deseos, porque en el viaje se cumplió al menos uno, entre sonrisas y violines chirriantes, en medio de un atardecer lluvioso. La verdad, vivió cada momento como si se encontrase inmersa en una pompa de jabón, esférica y perfecta, dónde la luz del sol se refleja en múltiples matices, bañando cada uno de los rincones de la ciudad. Sus calles y edificios parecían regalar su mejor sonrisa. En esos momentos todos los porqué, cuando, de verdad seguidos de un interrogante desaparecieron de su vocabulario. Se dedicó a vivir cada momento, cada sonrisa, cada palabra como únicos e irrepetibles. Realmente ese hombre era un misterio para ella, no conocía nada de él, no sabía nada de su vida, pero la hacía feliz verlo reír; escuchar su voz leyendo la poesía que atesora una carta de helados; observar sus movimientos; oír y disfrutar de sus disertaciones sobre ese otro mundo que es su vida. Ese mundo complejo y misterioso del arte que entró a formar parte de ella en forma de espiral, sin haberlo llamado y por sorpresa, inundó y dio sentido a todo. Yo, que la conozco desde hace ya muchos años, aún me pregunto el porqué, qué fue lo que la atrapó en una relación que, ha pesar de sus peleas, todavía la mantiene con el mismo compromiso del primer día. Y es que hay misterios imposibles de desvelar, no se pueden aprehender, no se pueden capturar, no se dejan capturar, se escapan siempre por la arista de la esquina que aún está por inventar, haciéndole caso al viento, como alguien dijo en su Deseo de ser Piel Roja.




En su primer viaje a París, para descubrirse a sí misma, se enamoró de la ciudad, en su segundo viaje, parece ser que descubrió que se había enamorado de aquél por quien lo inició. Sus amigos le preguntamos que había pasado en el viaje que se la veía tan radiante y a todos nos contestaba que viajar la hacía feliz. Me gustaría ahorraros la parte del relato más arduo de explicar, que es su vuelta a la realidad cotidiana, esa caída de la nube en medio de un sueño, el estallido de la burbuja que trae consigo la duda de lo vivido y miles de preguntas que se entrecruzan: ¿qué pasará ahora?¿sentirá él lo mismo?¿este amor es real?¿le escribo y le explico?. Finalmente, como siempre, el miedo se apoderó de ella y sólo se atrevió a enviar una fotografía robada a la noche. Recibió una respuesta que la dejó suspendida en el tiempo algunos minutos y rescribió el final de un cuento para que él lo leyese. Después de varias semanas de incertidumbres y dudas me explicó toda la historia, para aliviar la carga de la espera, ¿qué sentiría al volver a verlo?. Y, por supuesto, volvió a estar a su lado en algunas noches ya de verano....

Seguramente os viene a la mente la pregunta ¿porqué nuestra protagonista, en pleno verano, está escribiendo un Cuento de primavera?. Eso mismo le pregunté hace poco y me contestó que no se pueden dejar a las palabras flotando en el aire, que no puede dejarlas en el olvido, que no sólo han de dar voz a los sueños. Las palabras, como las imágenes, como los sentimientos, necesitan de un lector, de un espectador y de un destinatario para dar sentido a su vida. Sería injusto enterrarlas en el desierto del tiempo que, con la suave mano del olvido, borrará sus huellas y nos dejará, como en las dunas, tan sólo pequeñas señales que acabarán siendo desmenuzadas por el viento del invierno. Aunque ciertamente, os puedo decir, que es un cuento extraño: sin la apología a que nos tienen acostumbrados, sin final y con mil posibles fines... Su cuento de primavera es un guiño a la memoria, el signo de un bello recuerdo que esboza una sonrisa en la noche de su corazón.

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