LA FÁBRICA DE MEMORIAS

LA FÁBRICA DE MEMORIAS

domingo, 28 de febrero de 2010

Cuando Andrea me pregunta

Cuando Andrea me preguntó ¿Qué se siente al estar enamorada?, me sorprendió. No tanto por la pregunta expresada por una niña, sino porqué yo misma, no tan niña, llevaba unos días formulándola en voz baja. ¿Existe en realidad el enamoramiento?, ¿Cuánto hay de real?¿cuanto hay de imaginado? ¿Dónde está esa frontera imaginaria que nos hace sentir y emocionarnos? ¿¿¿¿????

De repente, repensando en las palabras… La ciencia, claro, esa religión legitimada en nuestro tiempo, me dará una respuesta. ¡!Cómo no se me ocurrió¡¡. Debió ser por lo contradictorio que me resulta. Algo tan cerebral, tan metódico, de hipótesis universalistas no puede ser compatible con el corazón. ¿corazón?

Esta es una pregunta para Google, indudablemente; y escribo en la barra del navegador: enamoramiento ciencia. La búsqueda nos consigue 157.000 posibles respuestas. Repaso unos cuantos artículos y todos llevan (más o menos,- que de todo hay-) a las mismas conclusiones:

“Enamorarse tiene dos componentes -dice Lewis-: la atracción sexual que probablemente tenga una base química y la compatibilidad emocional entre dos personas cuyos patrones emocionales formados desde la infancia coinciden fuertemente.”1

La dualidad (una vez más). Con lo maravilloso que es lo plural… en fin. De los dos componentes: la atracción sexual y la compatibilidad emocional, creo me preocupa más el segundo. La primera bajo los efectos de la química es, como mucho, la pérdida de unas cuantas feniletilaminas, acumuladas en el cerebro y el trabajo de unos cuantos neurotransmisores que van como locos por todo el cuerpo. Tienen el tiempo contado, dicen los expertos, que puede ser semanas o meses, a lo sumo unos años. Pero lo de la compatibilidad pasa por un patrón. ¡¡madre mía!! y para toda la vida.

“El sexólogo John Money considera que los niños desarrollan esos mapas entre los 5 y 8 años de edad como resultado de asociaciones con miembros de su familia, con amigos, con experiencias y hechos fortuitos. Así pues antes de que el verdadero amor llame a nuestra puerta el sujeto ya ha elaborado los rasgos esenciales de la persona ideal a quien amar”.2

¡¡Oh No¡¡ ¿Me habré cartografiado un mapa erróneo? ¿Qué especie de patrón tengo? ¿Que hacía yo entre los cinco y ocho años?

A ver, recuerda, con mi familia: me duplico, triplico (en esos años vivía en tres casas a la vez), tenía tres familias a la vez… (empezamos bien¡¡); los amigos: todo el día callejeando con una mala idea en la cabeza (seguimos mejorando); las experiencias: una niña que mira desde las mesas del final de la clase, que ríe, juega e imagina un mundo más allá de la realidad (ya puedo echarme a temblar); Y, por último, el hecho fortuito: que la niña que se enamoró del solitario, raro y extraño Juan. El chico moreno llegado de Murcia y que un día volvió ha marchar hacía otro lugar que ya olvidé.

Ahora sí, ahora ya puedo ver clara mi doble condena: por la química (de tres años y un día) y por mi patrón: con más de una familia, todo el día callejeando y con el más raro del lugar (la cadena perpetua). -No sé si me acaba de consolar la ciencia-

Menos mal que me queda la risa y el gusto por mirar, que me sigue gustando callejear, que me divierte ir de casa en casa y que el mundo está lleno de infinitos personajes solitarios y extraños.

[1] Para quien le interese todo el artículo: http://club25.wordpress.com/2006/02/14/la-ciencia-intenta-explicar-los-mecanismos-del-enamoramiento/

Otro más: http://centros5.pntic.mec.es/ies.victoria.kent/Rincon-C/Curiosid/Rc-51.htm



Junio 2009

miércoles, 24 de febrero de 2010

Diventimento núm. 3, o, dónde me llevaaaasss

De momento sólo cabe desaparecer, adentrarme, experimentar. Intentaré, pero, encontrar la salida del caos que me sumerge.

lunes, 22 de febrero de 2010

Cuento de primavera

Antonia, a veces, escribe cuentos para explicar y explicarse, para entender y entenderse. No lo puede evitar. Voces deshilvanadas en susurros le hablan al oído, en ese dulce momento entre la vigilia y el sueño, le reclaman el derecho a su existencia. Esta demanda insistente no es habitual en su vida cotidiana, sólo ante algunas vivencias la grafía despierta, poco a poco, palabra a palabra... frase a frase... edificándose como por encantamiento en signos, en señales indelebles de su inquietud. Ante algunos sentimientos es cuando a nuestra protagonista, soñadora de imposibles, enamorada de las palabras, coleccionista de imágenes y decidida caminadora en su vida diaria se le paralizan las cuerdas vocales. Su mente articula voces que enmudecen antes de ser pronunciadas, quedando cautivas en un espacio alejado del tiempo.


Ahora está ocupada escribiendo un nuevo relato que ha titulado “Cuento de primavera”. Seguramente lo ha titulado así porqué todo se desencadenó en esa época del año en que todo despierta; en la ciudad de la luz; en un viaje que nació de la curiosidad de saber porqué y qué había en él para que lo soñase a su lado. Con fino hilo rojo se había ido tejiendo lentamente, con el paso de imágenes y días, un vínculo, que no sabría ni como definíroslo pero que evidentemente la incitó a volver a su ciudad fetiche. Un viaje siempre es un acontecimiento especial y este, por lo que os he explicado, lo era por muchas más razones. Preparó en la desvelada noche de charla sin fin y tiempo fugaz su duplicado encuentro, París, de nuevo... escogió el blanco como color de su atavío para llevar consigo el silencio creador, la hoja en blanco por escribir, la posibilidad abierta de cada uno de los colores que lo componen. Antonia, desde pequeña, tiene este tipo de creencias, de rituales. Por ejemplo, cuando no quiere ser viste toda de negro, siempre estudia en una mesa azul y pide deseos a las matrículas capicúa de los coches, que, a veces se cumplen... El tema de los deseos creo que forma parte de su personalidad soñadora. Por eso, volviendo al viaje, se sorprendió a sí misma cuando ante el paso de una estrella fugaz, la primera de su vida, pronunció interiormente las palabras para siempre. ¿Para siempre?, se dijo minutos más tarde, cuando pudo reaccionar. Pero no era el momento de ir más allá y decidió que ya lo pensaría tranquilamente cuando pudiese...

Quizás, de vez en cuando, habría que creer en los deseos, porque en el viaje se cumplió al menos uno, entre sonrisas y violines chirriantes, en medio de un atardecer lluvioso. La verdad, vivió cada momento como si se encontrase inmersa en una pompa de jabón, esférica y perfecta, dónde la luz del sol se refleja en múltiples matices, bañando cada uno de los rincones de la ciudad. Sus calles y edificios parecían regalar su mejor sonrisa. En esos momentos todos los porqué, cuando, de verdad seguidos de un interrogante desaparecieron de su vocabulario. Se dedicó a vivir cada momento, cada sonrisa, cada palabra como únicos e irrepetibles. Realmente ese hombre era un misterio para ella, no conocía nada de él, no sabía nada de su vida, pero la hacía feliz verlo reír; escuchar su voz leyendo la poesía que atesora una carta de helados; observar sus movimientos; oír y disfrutar de sus disertaciones sobre ese otro mundo que es su vida. Ese mundo complejo y misterioso del arte que entró a formar parte de ella en forma de espiral, sin haberlo llamado y por sorpresa, inundó y dio sentido a todo. Yo, que la conozco desde hace ya muchos años, aún me pregunto el porqué, qué fue lo que la atrapó en una relación que, ha pesar de sus peleas, todavía la mantiene con el mismo compromiso del primer día. Y es que hay misterios imposibles de desvelar, no se pueden aprehender, no se pueden capturar, no se dejan capturar, se escapan siempre por la arista de la esquina que aún está por inventar, haciéndole caso al viento, como alguien dijo en su Deseo de ser Piel Roja.




En su primer viaje a París, para descubrirse a sí misma, se enamoró de la ciudad, en su segundo viaje, parece ser que descubrió que se había enamorado de aquél por quien lo inició. Sus amigos le preguntamos que había pasado en el viaje que se la veía tan radiante y a todos nos contestaba que viajar la hacía feliz. Me gustaría ahorraros la parte del relato más arduo de explicar, que es su vuelta a la realidad cotidiana, esa caída de la nube en medio de un sueño, el estallido de la burbuja que trae consigo la duda de lo vivido y miles de preguntas que se entrecruzan: ¿qué pasará ahora?¿sentirá él lo mismo?¿este amor es real?¿le escribo y le explico?. Finalmente, como siempre, el miedo se apoderó de ella y sólo se atrevió a enviar una fotografía robada a la noche. Recibió una respuesta que la dejó suspendida en el tiempo algunos minutos y rescribió el final de un cuento para que él lo leyese. Después de varias semanas de incertidumbres y dudas me explicó toda la historia, para aliviar la carga de la espera, ¿qué sentiría al volver a verlo?. Y, por supuesto, volvió a estar a su lado en algunas noches ya de verano....

Seguramente os viene a la mente la pregunta ¿porqué nuestra protagonista, en pleno verano, está escribiendo un Cuento de primavera?. Eso mismo le pregunté hace poco y me contestó que no se pueden dejar a las palabras flotando en el aire, que no puede dejarlas en el olvido, que no sólo han de dar voz a los sueños. Las palabras, como las imágenes, como los sentimientos, necesitan de un lector, de un espectador y de un destinatario para dar sentido a su vida. Sería injusto enterrarlas en el desierto del tiempo que, con la suave mano del olvido, borrará sus huellas y nos dejará, como en las dunas, tan sólo pequeñas señales que acabarán siendo desmenuzadas por el viento del invierno. Aunque ciertamente, os puedo decir, que es un cuento extraño: sin la apología a que nos tienen acostumbrados, sin final y con mil posibles fines... Su cuento de primavera es un guiño a la memoria, el signo de un bello recuerdo que esboza una sonrisa en la noche de su corazón.

lunes, 15 de febrero de 2010

Haluros de plata

Congelada en una imagen,

delimito el contorno de tu mirada.


Las yemas de mis dedos,

palpan,

buscan,

acarician

perfiles alejados .



Refulgencia disipada.




Haluros de plata,

no expuestos a la luz

se archivan en su olvido.

Reminiscencias lumínicas,

en tardes de invierno,

se decoloran en mí.





El contorno se desdibuja,

con ensalmos caligrafiados,

enterrándose en mi recuerdo.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Divertimento núm.2; Composición a dos manos

Poco a poco..lentamente las formas, los colores, la música..








lunes, 8 de febrero de 2010

DESIG

DESIG

Clau al cor..

Fugida

¿Trobes la pau?

El meu llit crida:

Soletat.


Palabras que duelen…

Miradas que huyen…

Deseos que sienten...

¿Encuentras paz?

Tu vida grita:

Soledad.





Espacio alejado de mí.

martes, 2 de febrero de 2010

Divertimento núm. 1

Avui. Sense paraules….